martes, 19 de noviembre de 2019

Evangelio del 19 de noviembre. Martes 33.

Lectura del Evangelio según Lucas 

Lc 19,1-10

Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: 
«Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» 
Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: 
«Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» 
Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: 
«Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» 
Jesús le dijo: 
«Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»



Este Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.
Lo dice en respuesta a quienes murmuran porque se hospeda en casa de un conocido pecador. La escena se parece mucho a la que se dio en casa de Leví. Escena que concluía con palabras muy semejantes: No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores (Lc 5, 32).

¡Qué habilidosos somos para interpretar mal a Jesús! Es que nos encanta clasificar, dividir, excluir; cuando lo que Jesús quiere es ponernos a todos juntitos. Porque todos somos pecadores: Porque Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero (1 Tim 1, 15).

De forma parecida actuamos en el tema de los pobres. Si todos somos pecadores, todos somos pobres. Podemos proclamar con mucho pathos nuestra opción por los pobres, pero estaremos equivocados si olvidamos a quien sufre graves penurias espirituales a nuestro lado.

Zaqueo bajó a toda prisa y lo recibió muy contento.
Contemplemos la mesa de Zaqueo; está muy bien provista de invitados y de viandas. Todos disfrutan de la comensalidad. Todos se sienten cómodos y acogidos. Sobre todo, Zaqueo. Por primera vez en su vida se siente plenamente satisfecho en su interior. Tanto él como Jesús estarían encantados de tener sentados a la mesa a quienes murmuraban fuera, al otro lado de la puerta. La inclusividad es cosa del Reino: Vendrán de oriente y occidente, del norte y el sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios (lc 13, 29). La inclusividad es cosa de Dios que quiere que sus dos hijos, el juicioso y el pródigo, se sienten a la mesa del banquete.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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