sábado, 14 de diciembre de 2019

Evangelio del 14 de diciembre. San Juan de la Cruz.


Lectura del santo Evangelio según Juan
Jn 17, 17-26

«Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.
Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.
Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y estos reconocen que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos».


Santifícalos en la Verdad: tu Palabra es Verdad.
En la Verdad; así, con mayúscula. ¿Por qué? Porque yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. No se trata de algo abstracto; se trata de Alguien con nombre propio: Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, Hijo de María.

La celebración de la fiesta de san Juan de la Cruz en la mitad del Adviento debiera ser un incentivo para entrar más adentro en la espesura; para recrearnos más y mejor en la inconmensurable hermosura del Dios-Amor hecho hombre. Entonces apreciamos la complementariedad de los opuestos: del nada nuestro y del todo de Dios, del vacío nuestro y de la plenitud de Dios. Entonces nos sentimos placenteramente arrastrados por la impetuosa corriente del amor gratuito de Dios. Entonces, de la plenitud del corazón habla la boca (Lc 6, 45), y el corazón se ensancha y los horizontes se amplían. Entonces entendemos cumplidamente el mensaje del ángel de Belén: Os anuncio una gran alegría que será para todo el pueblo (Lc2, 10). Y vivimos lo que dice el salmo: Por donde pasa Dios todo canta y grita de alegría (Salmo65).

Santifícalos en la Verdad. Santificados en la Verdad, reconociendo la grandeza y generosidad de Dios, nos sabemos pequeños y nos gozamos en nuestra pequeñez. Y vivimos en la gratitud, cantando con la Madre de Jesús: Proclama mi alma la grandeza del Señor. Bien dice el Papa Pablo VI, que esta vida mortal es un hecho bellísimo, un prodigio siempre original y conmovedor, un acontecimiento digno de ser cantado con alegría y gozo.
Sintámonos parte del gran coro de la creación y cantemos la mejor de las sinfonías. Así cantaba Juan de la Cruz: Mi Amado, las montañas, - los valles solitarios nemorosos, - las ínsulas extrañas, - los ríos sonorosos, - el silbo de los aires amorosos.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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