martes, 3 de diciembre de 2019

Evangelio del 3 de noviembre. Martes 1º de Adviento.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 

Lc 10, 21-24

En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: 
«Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a ingenuos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Mi Padre me lo ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte:
«¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»



Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.
A juzgar por lo dicho poco antes, los discípulos forman parte, (formamos parte), del grupo de los pequeños: A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios (Lc 9, 10). ¡A pesar de las disputas provocadas por tanta ambición y vanagloria! El secreto está en la confianza.

Jesús se alegra y da gracias al Padre porque son los humildes los que acogen su palabra. Se alegra porque Dios se hace asequible a los que no presentan argumentos de razón o de sentido común. Como escribe el Papa Francisco, a Dios se llega mejor por la confianza, por la amistad, por el amor, que por la inteligencia, porque intelectualmente su ser nos desborda, y nuestra inteligencia es limitada.

Santa Teresa de Lisieux dice: Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina: es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre… El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús. Y para eso, no necesito crecer, al contrario, tengo que seguir siendo pequeña… Alguien podría creer que si tengo una confianza tan grande en Dios es porque no he pecado. Aunque hubiera cometido todos los crímenes posibles, seguiría teniendo la misma confianza; sé que toda esa multitud de ofensas sería como una gota de agua arrojada en una hoguera encendida.

Ya lo había dicho Dios por boca del profeta: En ése pondré mis ojos: en el humilde y en el abatido que se estremece ante mis palabras (Is 66, 2).


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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