Lectura del santo Evangelio según Mateo
Mt 9,27-31
Cuando Jesús se iba de allí, le siguieron dos ciegos gritando:
«¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»
Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice:
«¿Creéis que puedo hacer eso?»
Dícenle:
«Sí, Señor.»
Entonces les tocó los ojos diciendo:
«Hágase en vosotros según vuestra fe.»
Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente:
«¡Mirad que nadie lo sepa!»
Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.
Cuando Jesús se iba de allí le siguieron dos ciegos gritando: ¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!
Los que vemos, los creyentes, somos conscientes de tantos ciegos a nuestro alrededor. No son conscientes de serlo. Estamos llamados a ser testigos de la Luz, aunque nos suceda como a Él, que vino a los suyos y los suyos no la recibieron (Jn 1, 11).
¿Creéis que puedo hacerlo? Contestaron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos diciendo: Que os suceda conforme a vuestra fe.
Ningún otro requisito. No les preguntó por su vida pasada, ni les pidió alguna buena acción para merecer el favor. Solamente la fe. ¡Es que si el amor de Dios dependiera de nosotros…! Pero eso es imposible. Ya no sería amor de Dios, porque el amor de Dios no puede ser sino pura gratuidad: En esto consiste el Amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestro pecados (1 Jn 4, 10). Quienes tenemos esto bien asimilado disfrutamos de la mejor visión de la realidad; de toda realidad. Y nos es posible hablar de una vida en libertad y en plenitud.
Y se abrieron sus ojos.
Detengámonos a imaginar el asombro y el pasmo de los ciegos en aquel momento. El Papa Francisco dice que esta recuperación de la visión es una referencia simbólica para este Adviento. Todos necesitamos acudir al mejor oftalmólogo. Necesitamos ver mejor, eliminar miopías, mejorar nuestra forma de mirar. Solo Él nos puede hacer partícipes de la mirada límpida de Dios sobre la vida. Con Él se puede volver a mirar todo de nuevo, y a comenzar a vivir y rehacer nuestras limitaciones.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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