miércoles, 1 de enero de 2020

Evangelio del 1 de enero. Santa María, Madre de Dios.

Lectura del santo Evangelio según Lucas
Lc 2, 16-21

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. 

El ángel les dijo: 

«No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» 

Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo:

«Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»

Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: 

«Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.» 

Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho acerca de aquel niño;  y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.



Los pastores fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
Es Añonuevo, es la Octava de Navidad, es el día de la paz. Todo esto presidido por María, la Madre de Jesús. Y todo esto, también Ella, enfundado en el evento supremo de Dios que se nos da; todo esto enfundado en ese amor desmedido que ninguna oscuridad será capaz de ensombrecer.

Los pastores corren y encuentran a María y a José y al niño. Entonces cuentan asombrados lo que han oído por boca del ángel. En verdad, Dios revela sus cosas a los sencillos. Estos pastores nos animan a comenzar el nuevo año comprometidos a cultivar la capacidad de asombro en nuestra vida; comprometidos a que la rutina no estrangule al asombro. El ya-me-lo-sé o el siempre-ha-sido-así nos hacen inmunes al milagro cotidiano de la vida (Papa Francisco). Las páginas de los Evangelios son la mejor escuela para mantenernos asombrados.

María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.
El asombro de María, más discreto que el de los pastores, la lleva hacia su interioridad. María mira, oye y calla; como José. Necesitamos aprender de ellos. Necesitamos continuar aprendiendo cada día a mirar la realidad en sus gestos más pequeños e insignificantes. Las páginas de los Evangelios son la mejor escuela de interioridad. El Dios niño, acostado en el pesebre, nos invita en este nuevo año a no cansarnos de seguir posando nuestra mirada no en los primeros planos de la historia, ni en los personajes principales, sino en los secundarios y en el revés de la historia. Como María de Nazaret guardemos también nuestras perplejidades en el corazón (Papa Francisco).

Comenzamos el año con los ojos puestos en la Madre. Ella, modelo de interioridad y sintonía con el Señor. Ella, modelo de atención y entrega a los que tiene cerca.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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