sábado, 11 de enero de 2020

Evangelio del 12 de enero. Bautismo del Señor.


"Somos sus hijos amados."

Lectura del santo Evangelio según Mateo
Mt 3, 13-17

Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo:

«Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» 

Jesús le respondió: 

«Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» 

Entonces le dejó.

Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: 

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»



Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él.
Mateo solamente dedica el silencio a los treinta años de vida de Jesús en Nazaret. Y, sin embargo, todos tenemos que acudir a Nazaret. Es ahí donde comenzamos a entender a Jesús y su Evangelio. Es ahí donde aprendemos a imitar su vida. Como dice el Papa Pablo VI, es ahí donde se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo.

Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre Él.
Es el momento clave que marca un antes y un después en la vida de Jesús. Es en ese momento cuando adquiere plena conciencia de su identidad y de su misión. Los cielos se abren y dan a luz al nuevo Jesús. Como la paloma que busca su nido, así el Espíritu busca a Jesús.

Y una voz que salía de los cielos decía: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco.
Es la primera vez que Dios habla en el Evangelio. Lo hace para revelar la identidad de Jesús. Es la nueva y definitiva epifanía o revelación. Ahora no se trata de una estrella; ahora se trata de la voz del Padre. Jesús lo confirmará a lo largo de su vida llamando a Dios Abbá (papá).

Haremos bien en ponernos en oración silenciosa, y sentirnos muy cerca de Jesús. Y tratar de sentir lo que Él sentía. Y escuchar las palabras de lo alto como dirigidas a cada uno de nosotros: Éste es mi hijo amado en quien me complazco. Dejemos que esta realidad de ser hijos amados nos cale muy hondo. Mucho más hondo que cualquier otra realidad, como la de nuestro pecado o nuestra fragilidad.

Dice el Papa Francisco: También a cada uno de nosotros, que hemos renacido con Cristo en el bautismo, están dirigidas estas palabras del Padre: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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