sábado, 4 de enero de 2020

Evangelio del 5 de enero. Domingo 2º después de Navidad.


"Jesús es la palabra de Dios
(El verbo se hizo carne)."


Lectura del santo Evangelio según Juan
Jn 1, 1-18

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada. Lo que se hizo en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. 

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. 

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. 

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: 

«Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» 

Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.




En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
La Palabra. En latín, el Verbo. En el original griego, el Logos. ¿Qué significaba el término Logos para el Evangelista? Logos es pensamiento y es comunicación de la propia intimidad. El Evangelista nos está diciendo que el Hijo de Dios, hecho carne en las entrañas de María, es la revelación y la comunicación definitiva de Dios a nosotros; es Él quien da sentido a todo. Porque todo se hizo por Él y sin Él no se hizo nada. Y todo tiene en Él su consistencia (Col 1, 17).

Vino a los suyos y los suyos no la recibieron.
Así fue y así sigue siendo hasta hoy Pero no siempre será así. El rechazo a la Palabra, a la luz, tiene fecha de caducidad. San Juan dice en su primera carta: las tinieblas pasan y la luz verdadera brilla ya (1 Jn 2, 8). Ya lo había anunciado el profeta Isaías: Yo juro por mi nombre que ante mí se doblará toda rodilla (Is 45, 23). Lo repetirá san Pablo: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el SEÑOR para gloria de Dios Padre (Flp 2, 10-11).

Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Quienes hemos recibido la Palabra vivimos la gran realidad de, además de ser, sentirnos hijos de Dios. Nuestra tarea primordial debe ser la de promover esa vivencia con la apertura a la Palabra. Una estampa muy pertinente es la de María de Betania que escucha a Jesús, sentada a sus pies. Adaptamos esa estampa a nuestra vida, sentándonos con la Palabra de Dios ante los ojos. También podemos inspirarnos en la Madre de Jesús, la que conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón (Lc 2,51).


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


No hay comentarios:

Publicar un comentario