sábado, 12 de octubre de 2019

Evangelio del 11 de octubre. Viernes 27.

Lectura del Evangelio según Lucas 

Lc 11,15-26

Pero algunos de ellos dijeron: 
«Por Beelzebul, príncipe de los demonios, expulsa los demonios.» 
Otros, para ponerle a prueba, le pedían un signo del cielo. Pero él, conociendo sus intenciones, les dijo: 
«Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado y una casa se desploma sobre la otra. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?... porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. 
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: `Me volveré a mi casa, de donde salí.' Y, al llegar, la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio.»



Algunos dijeron: Expulsa demonios con el poder de Belcebú, jefe de los demonios.
Jesús acaba de liberar a un hombre; ha expulsado a un demonio mudo: cuando salió el demonio habló el mudo. La multitud se admiró. Pero no así algunos. Son expertos en demoniología; ven demonios en todas partes. Todo lo ven invadido por el demonio; menos ellos mismos, naturalmente. El caso es que son ellos quienes están poseídos por el peor de los demonios: el del orgullo. Porque se sitúan por encima de sus semejantes y lo juzgan todo desde su infalible cátedra. Este tipo de posesión diabólica no se presta a exorcismos debido a su sutileza, pero es más universal y dañino que el que podemos ver en algunas películas.

A todos nos conviene estar atentos para descubrir sus síntomas; se dan en personas de mucha piedad y poca interioridad. Estoy poseído del demonio del orgullo si juzgo y hablo negativamente de otros. O cuando soy pesimista sobre la sociedad, la Iglesia, mi entorno.

Un verdadero creyente tiene sus espacios de interioridad y no vive condicionado por los demonios, ni ve demonios por todas partes. Vive de forma positiva e irradia positividad. A santa Teresa le sacaban de quicio quienes veían demonios por todas partes: Yo tengo más miedo a los que temen mucho al demonio que al mismo demonio.

Si llega uno más fuerte y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte sus bienes.
Nosotros creemos en EL-MÁS-FUERTE. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? En todo vencemos de sobra gracias al que nos amó. Estoy persuadido de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades…, nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro (Rm 8, 35-39).


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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