viernes, 18 de octubre de 2019

Evangelio del 18 de octubre. San Lucas, Evangelista.

Lectura del Evangelio según Lucas 

Lc 10,1-9

Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. 
Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. Y si algunos no os reciben, salid de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.» 
Partieron, pues, y recorrieron los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.
Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba y estaba perplejo, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido, y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. 
Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo.¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y buscaba verle.


El Evangelista Lucas irradia delicadeza. Evita, en lo posible, lo que puede herir sensibilidades. Atenúa lo que puede menoscabar el buen nombre de los apóstoles. Su Evangelio exhibe, más que ningún otro, la mansedumbre de Jesús; su Evangelio nos hace respirar una atmósfera rebosante de gratitud y de alegría.

Después de esto designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir.
Las instrucciones de Jesús a estos setenta y dos discípulos son casi idénticas a las dadas poco antes a los Doce. Todos estamos igualmente llamados a la misión de propagar su Reino. Son instrucciones que podemos resumir así: Desprendeos de todo, comenzando por vosotros mismos, y siguiendo por el desprendimiento de todo tipo de apoyos materiales. Poned vuestra confianza única y exclusivamente en el Señor, porque yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).

Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.
Los seguidores de Jesús, apóstoles o simples discípulos, estamos llamados a salir fuera; a salir, como dice el Papa Francisco, a las periferias. Nada de replegarnos sobre nosotros mismos, nuestras doctrinas, o nuestros pasados. Estamos llamados a ser portadores de paz, siempre desde el respeto y la fraternidad. Portadores de esa paz que nace de la confianza absoluta en el Dios de Jesucristo: Abbá. En esto consiste ser misionero. No es cosa de geografía. Tampoco es, principalmente, cosa de doctrina. Lo que más importa es el testimonio. Somos misioneros cuando, siguiendo los pasos de Jesús, nos comprometemos en la construcción de un mundo más fraterno y más solidario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario