Lectura del Evangelio según Lucas
Lc 12,49-53
«He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! ¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la tierra?
No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»
Vine a traer fuego a la tierra, y ¡qué más quiero si ya ha prendido! Tengo que pasar por un bautismo, y ¡cómo me apuro hasta que se realice!
Sorprende ver a Jesús impaciente, como le vemos hoy. No es la única ocasión en que le aflora la ansiedad. Otro día le oiremos decir: ¿Qué voy a decir: Padre, líbrame de esta hora? Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre glorifica tu Nombre (Jn 12, 27-28). Volverá a mostrarse ansioso cuando se siente a la mesa de la Última Cena: Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer (Lc 22, 15).
Está impaciente y ansioso esperando lo que Él llama LA HORA. La hora soñada y temida; algo así como la hora del parto para una mujer. Es la hora en que el fuego llegará finalmente a toda la humanidad; el fuego del Espíritu, el fuego del amor. Porque, cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32). Ya lo había anunciado el Bautista: Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego (Mt 3, 11).
No hay fuego en un cristiano que vive su vida en la rutina y el cumplimiento soporífero de la ley; solamente hay cenizas. Es una vida tristona y aburrida. La expresión vine a traer fuego es sinónima de aquella otra: vine para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10, 10).
Si el fuego del Espíritu de Jesús nos inflama, ese fuego configurará todas nuestras relaciones. Y entonces será muy posible que lleguemos a probar la incomprensión y el rechazo: ¿Pensáis que vine a traer paz a la tierra? No paz, os digo, sino división.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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