sábado, 16 de noviembre de 2019

Evangelio del 16 de noviembre. Sábado 32.

Lectura del Evangelio según Lucas 

Lc 18,1-8


Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: 
«Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: `¡Hazme justicia contra mi adversario!' Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: `Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.'»
Dijo, pues, el Señor: 
«Oíd lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»



Para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, les contó una parábola.
Así introduce Lucas la parábola de la viuda y el juez injusto. Quedémonos con la súplica de la viuda: ¡Hazme justicia contra mi adversario! Es una de esas oraciones evangélicas que deberíamos memorizar y repetir en los momentos oportunos. Momentos que son frecuentes porque, nuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda buscando a quién devorar (1 P 5, 8). Es el temible adversario que todos llevamos dentro y que, cuando bajamos la guardia, nos ataca inmisericorde.

Los ataques de nuestro adversario nos lesionan, por ejemplo, cuando nos mostramos agresivos con los prójimos, ajenos a la paciencia y la amabilidad que tanto nos gustaría mostrar; o cuando caemos en torpezas en el pensar, hablar o actuar, y suspiramos por la limpieza y la transparencia; o cuando somos empujados al desaliento, como sucedía a san Pablo, al ver  que hacemos lo que no queremos y dejamos de hacer lo que querríamos: ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? (Rm 7, 24). En momentos así será muy saludable recurrir a la oración de la viuda: ¡Hazme justicia contra mi adversario! Es la oración del pobre; la oración del profundamente consciente de su impotencia y de su total dependencia de Dios; la oración de quien entiende cada día mejor las palabras de Jesús: Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5).

Con esta parábola Jesús quiere transmitirnos confianza y seguridad. No estamos condenados a vivir dominados por nuestro adversario. El secreto está en continuar importunando, sin cansarnos, en la seguridad de que seremos atendidos. ¿Perseveraremos en nuestra impertinencia? Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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