viernes, 15 de noviembre de 2019

Evangelio del 15 de noviembre. Viernes 32.

Lectura del Evangelio según Lucas 

Lc 17,26-37


Y dijo Jesús a sus discípulos: 
«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo que los hizo perecer a todos. Así sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste. Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y, de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: al uno tomarán y al otro le dejarán; habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la tomarán y a la otra la dejarán.» 
Y le dijeron: 
«¿Dónde, Señor?» 
Él les respondió: 
«Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.» 



Comían, bebían, se casaban, hasta que Noé entró en el arca, vino el diluvio y acabó con todos.
Noviembre, último mes del año litúrgico. Las lecturas de estos días nos ayudan a afrontar adecuadamente el final de los tiempos; el final universal que nos afecta poco y no sabemos cuándo llegará, y el personal que nos afecta mucho y sabemos que llega cuando morimos. Suelen ser lecturas apocalípticas, de difícil interpretación. Resultan más sencillas si entendidas en clave personal, olvidando su dimensión universal.

Así es cómo estas lecturas nos enseñan a vivir desde la convicción de que la vida que vivimos ahora es como un segundo período de gestación; diferente, desde luego, de aquel primero de nueve meses en el vientre de nuestra madre, pero con bastantes similitudes. Como lo sugieren textos como éstos: Estáis llamados por el Padre a participar en la vida de su Hijo (1 Cor 1, 9). Sois arcilla en manos de un alfarero que es Dios (Jer 18, 6). Somos hombres y mujeres que aguardamos el gran momento, cuando Él vuelva y nos lleve consigo para que donde esté yo estéis también vosotros (Jn 14, 3).

Así es cómo vivimos serenamente nuestros últimos tiempos, cuando todo se derrumba, tanto a nuestro alrededor como en nuestra propia persona. Así es cómo vivimos, desde la fe en el Crucificado-Resucitado las crudas realidades de la enfermedad, de la ancianidad y de la muerte. Así es cómo vivimos en primera persona el misterio pascual. Un autor escribe: Mirar con serenidad la muerte, afianzados en la certeza de ir hacia Cristo, es la flor más bella de la existencia cristiana. La muerte representa el último acto de abandono total en las manos del Padre, a ojos cerrados.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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