jueves, 28 de noviembre de 2019

Evangelio del 28 de noviembre. Jueves 34.

Lectura del Evangelio según Lucas 

Lc 21,20-28

«Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea que huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad que se alejen; y los que estén en los campos que no entren en ella; porque éstos son días de venganza en los que se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra y cólera contra este pueblo. Caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su cumplimiento. 
Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.»


Los hombres desfallecerán de miedo, aguardando lo que se le echa encima al mundo; pues las potencias celestes se tambalearán.
Parecen frases entresacadas de esos noticieros de la tele o de los periódicos que tanto se entretienen con desgracias y calamidades. Pero no, porque al final aparece una luminosa nota de esperanza: Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.

Jesús nunca dice que el camino del cristiano sea un camino facilón. Al contrario: Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame (Lc 9, 23). Lo que sí dice es que al final de ese camino encontraremos lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni mente humana concibió, lo que Dios preparó para quienes lo aman (1 Cor 2, 9). Él ha ido por delante para preparar el sitio: Cuando vaya y os lo tenga preparado, volveré para llevaros conmigo para que estéis donde yo estoy (Jn 14, 3).

Entretanto nos tocará vivir tiempos difíciles. Difíciles por tantos posibles motivos: salud, sociedad, Iglesia, familia, etc. Tiempos que no son para el lamento o el desaliento, sino para la esperanza. Tiempos especialmente idóneos para dar ante el mundo el mejor testimonio de esperanza. Porque no es posible ser testigos válidos de nuestra fe desde actitudes negativas o pesimistas: En la esperanza tenemos nosotros como un ancla firme y segura de nuestra alma (Heb 6, 19).

Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.
El apóstol Juan nos suplica: Ahora pues, hijos míos, permaneced con Él, y así, cuando aparezca, tendremos confianza y no nos avergonzaremos de Él cuando venga (1 Jn 2, 28).


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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