miércoles, 27 de noviembre de 2019

Evangelio del 27 de noviembre. Miércoles 34.

Lectura del Evangelio según Lucas 

Lc 21,12-19

«Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y cárceles y os llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros. Todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»



Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán… Hasta vuestros padres y hermanos, parientes y amigos os entregarán…
Nosotros no sabemos de persecuciones serias, como las de tantos mártires de antes y de ahora. Probablemente no nos tocará dar testimonio de fe con la propia sangre y la propia vida. Pero a todos nos toca dar testimonio de fe sobrellevando las contrariedades de la vida diaria y de la convivencia. Todos estamos llamados a ser mártires. Es más factible dar valientes testimonios de fe en ambientes hostiles que en ambientes familiares.

A propósito de ambientes familiares, escribe el Papa Francisco: La incomprensión del Evangelio, el tradicionalismo, o el rechazo de Dios, se oponen a Jesús y se opondrán a sus discípulos. Jesús lo sabe y lo hace saber. Pero todo ello no es una muralla insalvable, sino que es ocasión para dar testimonio de la verdad de Dios que necesita el mundo.

Ante el rechazo o el menosprecio, todos debemos aprender a poner los ojos en el Crucificado: no es más el siervo que su amo (Jn 13, 16). Y será bueno poner en el Crucificado, no solamente los ojos, sino también los labios; siempre que, besándole a Él, besemos a esos prójimos que parecen tan eficazmente empeñados en hacernos la vida imposible.

¿Tarea difícil? Depende cómo lo miremos. Tarea sencilla si tenemos claro que todo depende de cuánto nos fiamos de Él. Tarea imposible si la incredulidad pesa demasiado en nuestra vida. Todo resulta sencillo para quien cree y confía.
¿Cómo reaccionó Jesús ante la indiferencia y la hostilidad? Se extrañaba y sufría,  como ser humano que era; pero no se dejaba condicionar. Nunca se encerró en sí mismo ante las críticas; al contrario, se prodigaba y se entregaba más.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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