martes, 5 de noviembre de 2019

Evangelio del 5 de noviembre. Martes 31.

Lectura del Evangelio según Lucas
Lc  14, 15-24
Al oír esto, uno de los comensales le dijo: 
« ¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!»
 Él le respondió: 
«Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: `Venid, que ya está todo preparado.' Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: `He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.' Y otro dijo: `He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.'Otro dijo: `Me acabo de casar, y por eso no puedo ir.'
Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, el dueño de la casa, airado, dijo a su siervo: `Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, a ciegos y cojos.' Dijo el siervo: `Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.' Dijo el señor al siervo: `Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa.' Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»



Uno de los invitados dijo: ¡Dichoso el que coma en el reino de Dios!
Es sábado, el día festivo de los judíos. Jesús ha sido invitado por un jefe de los fariseos. Son muchos los sentados a la mesa. El que se dirige a Jesús bien podría ser aquel que había preguntado poco antes: Señor, ¿son pocos los que se salvan? (Lc 13, 23). Parece un hombre moralmente recto y amigo del templo. Pero teme que la salvación sea como una lotería para unos pocos agraciados. Teme no ser uno de ellos. Y Jesús le responde con la parábola de los invitados al gran banquete:
Un hombre daba un gran banquete, al que invitó a muchos.

La sala del banquete debe ser enorme. Cuando los primeros invitados excusan su asistencia, el amo de casa envía a su criado a plazas y calles de la ciudad para invitar a todo el mundo: pobres, mancos, ciegos y cojos. Nada de elitismos en la sala del banquete. Pero aún así, sobra sitio. En verdad, en la casa de mi Padre hay muchas mansiones (Jn 14, 2). Entonces el amo de casa vuelve a enviar a su criado, esta vez fuera de la ciudad: Sal a los caminos y veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa. ¡Oblígalos! ¡Impresionante!

El proyecto de salvación de Dios, personal y universal, no queda truncado por el rechazo o el pecado; es imparable. San Pablo asimiló bien la lección de la parábola de hoy, y la de todo el Evangelio: Todo fue creado por Él y para Él. Todo tiene en Él su consistencia. Ha reconciliado por Él y para Él todas las cosas, los seres de la tierra y de los cielos (Col 1, 15-20).


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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