lunes, 4 de noviembre de 2019

Evangelio del 4 de noviembre. San Carlos Borromeo.

Lectura del Evangelio según Lucas 

Lc 14,12-14

Dijo también al que le había invitado: 
«Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»


Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos o hermanos o parientes o a los vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán y quedarás pagado.
No es fácil tomar en serio estas palabras; por eso solemos pasarlas por alto. Pero lo que Jesús quiere decirnos es de la mayor importancia. Como son de la mayor importancia aquella otras palabras: Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto (Mt 5, 48). Que también solemos pasar por alto ya que parecen utópicas. Pero Jesús nunca nos pide algo irrealizable: para Dios todo es posible (Mt 19, 26).

Jesús nos invita a ir poniendo nuestra vida, sin prisa y sin pausa, en la órbita permanente de la gratuidad; es la órbita en la que se mueve el Padre del cielo. Lo haremos poco a poco y a base de pequeños gestos. Así iremos comprendiendo que no hay en la vida momentos más intensos y gratificantes que los vividos en la gratuidad. Lo sabemos solamente cuando lo experimentamos.

Cuando des un banquete invita a pobres, mancos, cojos y ciegos. Dichoso tú porque ellos no pueden pagarte; pero te pagarán cuando resuciten los justos.
El mejor campo de prueba del amor gratuito es el de los más desfavorecidos; los más necesitados de amor y de los que menos podemos esperar a cambio. Precisamente por eso, como dice el Papa Benedicto, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio. Y el Papa Francisco: Hay que decir sin rodeos que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Por eso, mejor una Iglesia herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


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