Lectura del Evangelio según Lucas
Lc 14,12-14
Dijo también al que le había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»
Cuando
ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos o hermanos o
parientes o a los vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán y
quedarás pagado.
No
es fácil tomar en serio estas palabras; por eso solemos pasarlas por
alto. Pero lo que Jesús quiere decirnos es de la mayor importancia. Como
son de la mayor importancia aquella otras palabras: Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto (Mt 5, 48). Que también solemos pasar por alto ya que parecen utópicas. Pero Jesús nunca nos pide algo irrealizable: para Dios todo es posible (Mt 19, 26).
Jesús
nos invita a ir poniendo nuestra vida, sin prisa y sin pausa, en la
órbita permanente de la gratuidad; es la órbita en la que se mueve el
Padre del cielo. Lo haremos poco a poco y a base de pequeños gestos. Así
iremos comprendiendo que no hay en la vida momentos más intensos y
gratificantes que los vividos en la gratuidad. Lo sabemos solamente
cuando lo experimentamos.
Cuando
des un banquete invita a pobres, mancos, cojos y ciegos. Dichoso tú
porque ellos no pueden pagarte; pero te pagarán cuando resuciten los
justos.
El
mejor campo de prueba del amor gratuito es el de los más desfavorecidos;
los más necesitados de amor y de los que menos podemos esperar a
cambio. Precisamente por eso, como dice el Papa Benedicto, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio. Y el Papa Francisco: Hay
que decir sin rodeos que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe
y los pobres. Por eso, mejor una Iglesia herida y manchada por salir a
la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de
aferrarse a las propias seguridades.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

No hay comentarios:
Publicar un comentario