Lectura del santo Evangelio según Juan
Jn 20,2-8
Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús quería y
les dice:
«Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han
puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los
dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y
llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio los lienzos en el suelo; pero no
entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve los
lienzos en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a los lienzos,
sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el
que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
Los dos juntos; Pedro y Juan. Pedro, más pasional; Juan, más equilibrado. ¿Y los otros discípulos? Ni sabemos, ni importa. Aquí se trata de entender que la carrera del discipulado, de Pedro, de Juan, tuya, mía, tiene distintas velocidades. Ni Pedro tiene la culpa de ser lento, ni Juan de ser veloz. Ni los que no corren, los no creyentes, tienen la culpa de no participar en la carrera; porque nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae (Jn 6, 44). De todos modos, los dos, Pedro y Juan, llegan. Todos, antes o después, llegaremos. Porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad (1 Tim 2, 4).
Pedro pone de manifiesto su llegada al conocimiento pleno de la verdad con palabras como éstas: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran misericordia, nos ha reengendrado a una esperanza viva… A quien amáis sin haberle visto y alcanzáis la meta de vuestra fe, la salvación de las almas (1 P 1, 3-9). Juan se expresa así: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos… os lo anunciamos… Para que nuestro gozo sea completo (1 Jn 1, 1-4).
Si me pongo a ello, ¿cómo definiría el momento de mi carrera? ¿Me deprimo al constatar que otros van por delante, o vivo en la alabanza y en la gratitud convencido de que es Él quien me lleva y quien marca el ritmo?
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

No hay comentarios:
Publicar un comentario