martes, 11 de octubre de 2022

Evangelio del 12 de octubre. Nuestra Señora del Pilar.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: 

"Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron." 

Pero él repuso: 

"Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen."

La tradición, desde muy antiguo, ha relacionado a nuestra Señora del Pilar con la implantación del Evangelio en la península ibérica. Esta celebración mariana, como tantas otras, ilustra bien las palabras de María: Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones.

Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.

¿Qué estaría diciendo Jesús para que aquella mujer se entusiasmara tanto? Si leemos lo que precede veremos que Jesús estaba hablando sobre el fin del señorío del mal, porque el Reino de Dios ya ha llegado. Claro que a aquella mujer, la figura de Jesús le encandilaba en sí misma, independientemente de lo que estuviese diciendo.

No es ésta la única ocasión en que el Evangelio habla de vientres y pechos femeninos. En otra ocasión, camino de la cruz, Jesús dirige estas palabras a las piadosas mujeres de Jerusalén: Dichosas las estériles, los vientres que no parieron, los pechos que no criaron (Lc 23, 29).

Hoy se habla de vientres y pechos en unas circunstancias gozosas. Podemos imaginar que la madre de Jesús andaría por allí cerca y llegaría a escuchar los piropos que aquella mujer le dedica a causa de su Hijo. Naturalmente, María se alegraría. Pero se alegraría más aún con la rápida respuesta de Jesús, el mayor piropo que le dirige su Hijo: Dichosos, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.

Jesús pronunciará palabras semejantes cuando diga: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen (Lc 8, 21). Su madre sabe escuchar y sabe ajustar su vida a lo escuchado. Aunque no lo comprenda. Cosa que sucede muchas veces desde la concepción de Jesús hasta su muerte en la cruz.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España. 

lunes, 10 de octubre de 2022

Evangelio del 11 de octubre. Martes 28.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 11, 37-41

Mientras hablaba, un fariseo lo invitó a comer en su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. El fariseo, que lo vio, se extrañó que no se lavase antes de comer. Pero el Señor le dijo: 

“Vosotros los fariseos limpiáis por fuera la copa y el plato, cuando por dentro estáis llenos de robos y malicia. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad, más bien, lo interior en limosna y tendréis todo limpio”.

El fariseo se extrañó que no se lavase las manos antes de comer.

Por cosas como ésta, los fariseos tenían a Jesús por un peligroso revolucionario; no respetaba las venerables costumbres de la santa religión.

Así sois vosotros, fariseos. Purificáis el exterior de copas y platos, pero vuestro interior está lleno de rapiñas y perversidades. ¡Insensatos! ¿El que hizo lo exterior no hizo también lo interior?

Ante el pecado de la carne Jesús se muestra siempre compasivo y misericordioso. Ante el pecado del espíritu se muestra siempre intolerante; tanto que no le importa herir la sensibilidad del fariseo que la ha invitado a comer.

El pecado del espíritu, la soberbia, comienza por lo exterior, por las apariencias; se muestra autosuficiente ante los demás. Pero, en su dimensión más profunda y más antievangélica, el pecado del espíritu se muestra autosuficiente también ante Dios. Es el pecado fariseo, es el pecado contra el Espíritu Santo, es la posesión diabólica que se adueña de las personas piadosas cuando se creen capaces de salvarse a sí mismas con su propio esfuerzo; a lo más recurren a Dios para que les ayude. No han asumido las palabras de Jesús: Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5).

Pero, según vosotros, basta dar limosna sin reformar lo interior y todo está limpio.

La verdadera limosna es la que se da desde la riqueza interior que posee quien sabe de humildad. Santa Teresa escribe que: mientras estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la humildad… A mi parecer jamás nos acabamos de conocer si no procuramos conocer a Dios. Mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza; mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cuán lejos estamos de ser humildes. 


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España. 

domingo, 9 de octubre de 2022

Evangelio del 10 de octubre. Lunes 28.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: 

"Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".

Esta generación es malvada; reclama una señal, y no se le concederá más señal que la de Jonás.

Jesús acaba de declarar dichosos a quienes escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Ahora rechaza realizar esos milagros deslumbrantes que encandilarían a quienes le siguen. Esos prodigios serían el peor enemigo del reinado de Dios, ya que el reinado de Dios solamente puede ser acogido por la fe. Solamente la fe es capaz de aceptar el más grande de los prodigios: la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesús prefiguradas en la encantadora historia del profeta Jonás.

Eran muchos los que seguían a Jesús. Lo hacían con una idea equivocada de lo que serían los tiempos mesiánicos. Los imaginaban paradisíacos; todo problema quedaría resuelto con un milagrito de Jesús. Por eso que Jesús no se encuentra cómodo rodeado de multitudes y en ocasiones se dirige a la gente con aspereza. Así será cómo las multitudes acabarán dándole la espalda.

La tentación de pedir señales a Dios es tan antigua como la especie humana. Todos experimentamos a veces lo insoportable del silencio de Dios y lo incomprensible de sus designios. La señal que Jesús ofrece no tiene nada que ver con nuestras expectativas. Esa señal ya comenzó a brillar en Belén: Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Lc 2, 12).

El Papa Francisco, hablando de la señal de Jonás, dice: ¿Cuál es el signo de Jonás? Es la misericordia de Dios en Jesucristo muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación. El signo que Jesús promete es su misericordia. Así que el verdadero signo de Jonás es aquél que nos da la confianza de estar salvados por la sangre de Cristo.

Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España. 

sábado, 8 de octubre de 2022

Evangelio del 9 de octubre. Domingo 28.

"Queda limpio y vuelve agradecido a Jesús que te perfumará con su salvación."

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 17, 11-19

De camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos. Se detuvieron a cierta distancia y gritaban: 

«Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros». 

Jesús les dijo: 

«Vayan y preséntense a los sacerdotes». 

Mientras caminaban, iban quedando sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato alabando a Dios en alta voz, y se echó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole las gracias. Era un samaritano. Jesús entonces preguntó: 

«¿No han sido sanados los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Así que ninguno volvió a glorificar a Dios fuera de este extranjero?» 

Y Jesús le dijo: 

«Levántate y vete; tu fe te ha salvado».

¿No se sanaron los diez? ¿Y los otros nueve dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios, sino este extranjero?

Todos los leprosos, los diez, habían gritado: Jesús, ten compasión de nosotros. Todos ellos, los diez, le habían obedecido poniéndose en camino para presentarse a los sacerdotes. Todos ellos, los diez, han sido curados de la lepra. Pero solamente uno ha vuelto agradecido alabando a Dios. Los otros nueve creen hacer lo correcto continuando su camino tal como se lo ha ordenado Jesús. Posiblemente llegan incluso a acusar de desobediente al que decide volver atrás para dar gracias a Jesús.

A Jesús le duele la falta de agradecimiento: ¿Los otros nueve dónde están? Deberían haber vuelto todos a darle gracias; después podrían haber continuado su camino. Lo primero es lo primero. Y lo primero, entendámoslo bien, es vivir agradecidos.

En este episodio de los diez leprosos vemos dos maneras de entender y de vivir la vida cristiana. La primera, representada por los nueve leprosos que continuaron su camino, es la vida del legalista. Es la religiosidad de la ley y del esfuerzo, que suele ir acompañada de semblantes serios y apesadumbrados. Es una religiosidad que sabe poco de agradecimientos y de alabanzas.

La segunda manera de entender y de vivir la vida cristiana está representada por el leproso que vuelve a dar gracias al Señor. Es la religiosidad que, entendiendo que todo es gratuito, que todo es absolutamente gratuito, vive con el semblante alegre de la gratitud.

¿Por qué somos tan poco agradecidos? Porque estamos demasiado ocupados con nuestras cosas, materiales o espirituales. Debemos empeñarnos todos en aprender a hacer del agradecimiento nuestro estilo de vida. El Papa Francisco dice: ¿Somos capaces de saber decir gracias? ¿Cuántas veces nos decimos gracias en la familia, en el trabajo, en la comunidad cristiana? Con frecuencia lo damos todo por descontado. Y lo mismo hacemos con Dios. Es fácil ir al Señor a pedirle algo, pero debemos regresar para darle gracias.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España. 

viernes, 7 de octubre de 2022

Evangelio del 8 de octubre. Sábado 27.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: 

"Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron." 

Pero él repuso: 

"Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen."

¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!

¡Qué entusiasmo el de esta mujer! No tiene reparo en levantar la voz y piropear a Jesús proclamando lo orgullosa que se sentirá su madre. Claro que la mirada de esta mujer se queda en la superficie. No es como la de Isabel que había penetrado muy hondo en la realidad del hijo de María y había proclamado: ¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció (Lc 1, 45).

¡Dichosos, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

Si la bienaventuranza de aquella mujer va dirigida solamente a la madre de Jesús, Jesús dirige la suya a todos los que, como María, vivimos pendientes de la Palabra de Dios, que es Jesús, y deseamos que nuestra vida se acomode a Él. La verdadera dicha y la verdadera grandeza, tanto en la mujer como en el varón, se encuentran en la escucha atenta y dócil de la Palabra de Dios. Lo había dicho Jesús en otra ocasión: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen (Lc 8, 21).

La Palabra de Dios, es decir el Hijo de Dios hecho hombre en el seno de María, tiene poder para gestar en nosotros una nueva vida. Así lo proclama Pablo desde su experiencia personal: Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a si mismo por mí (Gal 2, 20). El fruto del vientre de la mujer hace que sus pechos produzcan leche. La nueva vida engendrada en la fe hace que los creyentes nos convirtamos en fuente de alimento para muchos.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España. 

jueves, 6 de octubre de 2022

Evangelio del 7 de octubre. Nuestra Señora del Rosario.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 11, 15-26

Pero algunos de ellos dijeron: 

"Este echa a los demonios con el poder de Belzebú, jefe de los demonios". 

Y otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal que viniera del cielo. Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: 

"Una nación dividida corre a la ruina, y los partidos opuestos caen uno tras otro. Si Satanás también está dividido, ¿podrá mantenerse su reino? ¿Cómo se les ocurre decir que yo echo a los demonios invocando a Belzebú? Si yo echo los demonios con la ayuda de Belzebú, los amigos de ustedes, ¿con ayuda de quién los echan? Ellos apreciarán lo que ustedes acaban de decir. En cambio, si echo los demonios con el dedo de Dios, comprendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando el Fuerte, bien armado, guarda su casa, todas sus cosas están seguras; pero si llega uno más fuerte y lo vence, le quitará las armas en que confiaba y distribuirá todo lo que tenía. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu malo sale del hombre, empieza a recorrer lugares áridos, buscando un sitio donde descansar. Como no lo encuentra, se dice: "Volveré a mi casa de donde tuve que salir." Al llegar la encuentra bien barrida y todo en orden. Se va, entonces, y regresa con otros siete espíritus peores que él; entran y se quedan allí. De tal modo que la nueva condición de la persona es peor que la primera".

Mientras un hombre fuerte y armado guarda su casa, todo lo que posee está seguro. Pero si llega uno más fuerte y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte sus bienes.

Personas de mucha religión acusan a Jesús de arrojar demonios en connivencia con Belzebú, príncipe de los demonios. En la réplica de Jesús apreciamos escaso convencimiento de que sus palabras harán mella en sus adversarios.

También hoy encontramos personas piadosas que creen luchar contra los poderes del mal, pero viven subyugadas por espíritus malignos. A santa Teresa no le preocupaban los demonios: Siendo yo sierva de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden ellos hacer a mí? Sí que le preocupaban quienes vivían obsesionados con los demonios: No entiendo estos miedos. Temo más a los que temen al demonio que a los mismos demonios.

Una vida condicionada por los demonios, es una vida en la que la fe no brilla. Para que esto no suceda, hay que insistir en poner los ojos solamente en el Señor, sin preocuparnos de las sombras que nos rodean y acechan.

Hoy celebramos la fiesta de nuestra Señora del Rosario. El rosario es una buena escuela donde aprendemos a poner los ojos solo en Él. En compañía de María recorremos los pasos terrenos del Hijo de Dios hecho hombre.

El Papa Francisco dice: La oración del rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida. Por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los días para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo. Cada vez que contemplamos un momento de la vida de Cristo, estamos invitados a comprender de qué modo Dios entra en nuestra vida, para acogerlo y seguirlo.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España. 

miércoles, 5 de octubre de 2022

Evangelio del 6 de octubre. Jueves 27.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 11, 5-13

Jesús les dijo: 

"Supongan que uno de ustedes tiene un amigo y va a medianoche a su casa a decirle: 

"Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo nada que ofrecerle". 

Y el otro le responde a usted desde adentro: 

"No me molestes; la puerta está cerrada y mis hijos y yo estamos ya acostados; no puedo levantarme a dártelos". 

Yo les digo: aunque el hombre no se levante para dárselo porque usted es amigo suyo, si usted se pone pesado, al final le dará todo lo que necesita. Pues bien, yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla y al que llame a la puerta, se le abrirá. ¿Habrá un padre entre todos ustedes, que dé a su hijo una serpiente cuando le pide pan? Y si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!".

Pedid y se os dará…

Ayer leíamos este Evangelio, pero en la versión de Mateo (7, 7-11). A reseñar dos diferencias. La primera, que donde Mateo dice que el Padre del cielo dará cosas buenas a los que se las pidan, Lucas dice que el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan. Para Lucas, la cosa buena por excelencia es el Espíritu Santo. Es Él quien pone al orante en perfecta sintonía con Abbá: Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rm 5, 5).

La segunda diferencia es la parábola del amigo importuno; la encontramos solamente en Lucas: Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo…

Con este ejemplo, junto con el del padre que da todo lo que tiene a su hijo, Jesús trata de convencernos de que, independientemente de merecimientos o desmerecimientos, Dios nos lo da todo. Si nosotros mismos, siendo ruines y egoístas, somos capaces de hacer cosas buenas movidos por el instinto o por la impertinencia de los demás, ¡con cuánta más razón el Padre del cielo!

¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente?

Nos encanta aplicar a Dios los más grandiosos calificativos. Destacamos en Él, por ejemplo, su omnipotencia. Y nos parece poco menos que blasfemo el atribuir a Dios algo tan pobre y humano como la debilidad. Y, sin embargo, es así. Porque Dios es amor. Y el amor hace débil al amante. Nosotros somos la debilidad de Dios. Siendo frágiles e inútiles como niños pequeños, somos fuertes gracias a esa fuerza del amor de Dios que se desvive por nosotros y nos ama hasta el extremo.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España.