También les dijo:
“¿Acaso se trae una lámpara para que sea
puesta debajo de un cajón o debajo de la
cama? ¿No es para que sea puesta sobre el
candelero? Porque no hay nada oculto que
no haya de ser manifestado; ni nada
escondido sino para que salga en claro. Si
alguno tiene oídos para oír, oiga”.
Les dijo también:
“Consideren lo que oyen: Con la medida con
que miden, ustedes serán medidos y les será
añadido. Porque al que tiene le será dado, y
al que no tiene aun lo que tiene le será
quitado”.
Les decía también: ¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho?
Ayer era la parábola del sembrador. Hoy son dos parábolas: la lámpara y la medida. Jesús concluye la de la lámpara como concluyó la del sembrador: Quien tenga oídos para oír, que oiga. ¿Qué quiere decirnos? Nos pide atención y escucha inteligente; una escucha que provoque preguntas de modo que la parábola nos interpele aquí y ahora.
¿Por qué a Jesús le gusta tanto hablar con parábolas? ¿Será por satisfacer su vena poética? No; Jesús no se distrae con literaturas. Las parábolas, para Él, son una necesidad; son la mejor manera de que su audiencia capte algo de la realidad del Reino. Un autor escribe: El mundo de la parábola nos hace penetrar en la fuerza comunicativa que Jesús tiene del misterio de Dios; en su sabiduría, en su ironía, en su humor.
¿A quién dirige Jesús las parábolas? A una audiencia, entonces y ahora, tan ocupada con las cosas del vivir diario que no tiene tiempo para preocuparse por las cosas del Reino.
De todos modos, las parábolas tienen fecha de caducidad para todo seguidor de Jesús: Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre (Jn 16, 25).
¿La lámpara no es para ponerla sobre el candelero?
El Papa Francisco invita a preguntarnos si no tenemos la tendencia a privatizar la salvación, distanciándonos de los prójimos. Jesús nos invita a compartir lo que tenemos, comenzando por lo mejor: la fe. Así somos lámparas vivas y festivas; así llegamos a encender las lámparas que todo ser humano esconde en su interior.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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