Lectura dsel santo Evangelio según Lucas
Lc 10,1-9
Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde él había de ir. Y les dijo:
«La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: 'Paz a esta casa.' Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: 'El Reino de Dios está cerca de vosotros.'»
El año 1980, San Juan Pablo II proclamó copatronos de Europa a los santos Cirilo y Metodio, evangelizadores de los pueblos eslavos en el siglo IX. Ellos crearon el alfabeto eslavo, o cirílico.
El Señor designó a otros setenta y dos y los envió por delante.
Antes (capítulo 9) había enviado a los 12 apóstoles; ahora, (capítulo 10) envía a 72 discípulos. La misión es cosa de todo creyente. La misión tiene poco que ver con los pies y los caminos; tiene mucho que ver con el corazón y el sentir. Así lo indica Jesús al decir: La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. Recordemos que Santa Teresita es patrona de las misiones sin haber salido nunca de su convento.
El espíritu misionero brota de la vivencia gozosa del Evangelio; Evangelio que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree (Rm 1, 16). ¡Ay de mí si no predico el Evangelio! (1Cor 9, 16). Dice el Papa Francisco: El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Partiendo de esta gozosa vivencia, el misionar es cosa sencilla: se misiona por irradiación o contagio. Siempre apoyados en la oración. Porque, yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien hizo crecer (1 Cor 3, 6).
¡Poneos encamino! No llevéis talego, ni alforja, ni sandalias…
El misionero, es decir, todo verdadero creyente, va por la vida ligero de equipaje, sin sistemas defensivos; abre sus puertas a los demás y entra por toda puerta que se le abre. La alegría del Evangelio ha de empapar la vida del creyente para poder comunicarla.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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