sábado, 2 de febrero de 2019

Evangelio del Domingo 3 de febrero.

Jesús que desea habitar en todos, no siempre es acogido en su casa (que eres tú).

Lectura del Evangelio según Lucas
Lc 4,21-30

Vino a Nazaret, donde se había criado, entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías, desenrolló el volumen y halló el pasaje donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor sobre mí,
porque me ha ungido
para anunciar a los pobres la Buena Nueva,
me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos 
y la vista a los ciegos,
para dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.


Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: 

«Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy.» 

Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

Y decían: 

«¿Acaso no es éste el hijo de José?» 

Él les dijo: 

«Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaún, hazlo también aquí en tu patria.» 

Y añadió: 

«En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»

«Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de SidónY muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.»

Al oír estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para despeñarle. Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.



Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír.
Así comienza el Evangelio de hoy; tal como finalizó el Evangelio del pasado domingo. Jesús ha leído un texto de Isaías ante sus paisanos y les dice que las palabras del profeta se realizan en Él. Y aquellos nazarenos, que tenían ojos y expectativas puestos en Él, ahora cambian totalmente de actitud: ¿No es éste el hijo de José? Y falta poco para que acaben linchándolo: Lo llevaron a un barranco con intención de despeñarlo.

A Jesús le sucede lo que nos sucede a todos: la oposición más dolorosa nos llega de los más cercanos por vínculos de sangre o de religión: En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su tierra. Contemplando a este Jesús, rechazado por los suyos, nos preguntamos: ¿Sabemos valorar a los que tenemos cerca? ¿Sabemos percibir lo que Dios nos dice por medio de otros? Ésta es, para todos, una asignatura pendiente. Dios, con frecuencia, nos dice cosas de manera poco amable y por medio de personas poco cabales. Como a aquellos nazarenos, nos cuesta reconocer a un Dios que actúa de forma diferente a como nosotros pensamos.

Pero Él, abriéndose paso entre ellos, se marchó.
Es la estampa final del Evangelio de hoy; muy digna de contemplación. Por una parte, vemos a los furiosos nazarenos, sorprendentes por la volatilidad de su estado de ánimo. Son cañas movidas por el viento; dependen demasiado de las sensaciones del momento. Cosa parecida sucederá más tarde a los vecinos de Jerusalén: un día gritan HOSANA, y poco después gritan CRUCIFÍCALE.


Por otra parte, vemos a Jesús que se abre paso entre ellos. Contemplamos su solidez interior, su señorío. Solidez y señorío que Él nos transmite a quienes le seguimos con el don de la fe. Un santo de nuestros días dice: ¡Qué fáciles y sencillos son los verdaderos caminos de Dios cuando se camina por ellos con espíritu de confianza y con el corazón libre y puesto en Él!



Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España 


                 Santo Evangelio Ilustrado. Church Forum.

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