Lectura del Evangelio según Juan
Jn 15,18-21
«Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.»
Si
el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
Lo recordamos de nuevo. Estamos en la sobremesa de la Última Cena. Jesús abre el corazón a los discípulos. Les confiesa su sufrimiento ante tanto rechazo. Rechazo y hostilidad fuera de su entorno por parte de la autoridad religiosa. Rechazo e incomprensión dentro de su entorno cercano de parientes y discípulos. Resulta reconfortante y alentador ver que Jesús sufrió por insensibilidades, desavenencias, indiferencias, incomprensiones. El Evangelista volverá sobre esto en una de sus cartas: No os extrañéis, hermanos, si el mundo os aborrece(1 Jn 3, 13).
El mundo. Si domesticamos este término, las palabras de Jesús nos tocan más de cerca. Podrían quedar así: Si me veo no apreciado, si me siento incomprendido en mi entorno más inmediato, si parezco un extraño en mi propia casa… Resulta más cercano. Y entonces puedo preguntarme por qué me afecta tanto el ser o el no ser reconocido por los que me rodean. Y si lo uno o lo otro me afecta en exceso deberé examinar y mejorar la conexión de este sarmiento que soy yo, con la vid que es Él. Si la conexión es buena, nada turbará sustancialmente la paz interior, a pesar de la transitoria tormenta exterior. Si la conexión es buena llegará el día en que asimilaré estas palabras suyas: Dichosos vosotros cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa (Mt 5, 11).
Comenta el Papa Francisco: Creer en Él y practicar el Evangelio no nos asegura la vida, sino que nos desinstala profundamente y nos lleva a estar dispuestos a correr su suerte.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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