sábado, 23 de mayo de 2020

Evangelio del 24 de mayo. Domingo de la Ascensión del Señor.



"Sube al cielo, y nunca nos deja solos."

Lectura del santo Evangelio según Mateo 
Mt 28,16-20

Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verlo le adoraron; algunos sin embargo dudaron.

Jesús se acercó a ellos y les habló así: 

«Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»



Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Son las últimas palabras del Evangelio de Mateo; las últimas palabras de Jesús a sus discípulos antes de la Ascensión desde una montaña de Galilea. Cada Evangelista, cada creyente, vive su experiencia personal de la Resurrección y de la Ascensión; cada uno lo expresa su manera. En la primera lectura, Lucas ha escenificado la Ascensión en Jerusalén, donde fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.

El Papa Francisco nos da la clave para vivir esta fiesta de la Ascensión. Dice: Se trata de ser hombres y mujeres de la Ascensión, es decir, buscadores de Cristo a lo largo de los caminos de nuestro tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que no podemos quedarnos como aquellos discípulos, mirando al cielo.

Ser cristianos no es cosa de mucha iglesia, de muchos rezos, de muchas devociones. Aquellos hombres vestidos de blanco reprendieron a los discípulos que miraban al cielo: Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? Nos lo podemos preguntar nosotros. ¿Qué hacemos nosotros en la iglesia mirando al cielo? Hacemos algo bueno y útil si lo vivido y celebrado aquí lo trasladamos a nuestros hogares y a la calle. Hacemos algo perfectamente inútil si salimos de la iglesia pensando que ya hemos cumplido con una obligación. Lo de aquí dentro debe estar orientado hacia fuera; hacia los prójimos, cercanos o lejanos.

Estamos viviendo momentos muy especiales con este terrible coronavirus. Necesitamos vivir nuestro cristianismo de forma también muy especial. Las necesidades se van a multiplicar. Necesitamos más disponibilidad, más inventiva, más entrega. Los tiempos del cristianismo rutinario tradicional han concluido. Comienzan tiempos nuevos. Necesitamos más que nunca salir de nosotros mismos, de nuestros problemas personales de cualquier tipo, para vivir orientados hacia los demás.

En la iglesia fortalecemos nuestra comunión con Él, muy conscientes de que Él está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Y salimos lanzados a la tarea de darnos a los demás como Él mismo lo hacía.



Oh María, Virgen poderosa,
grande e ilustre defensora de la Iglesia,
singular auxilio de los cristianos,
terrible como un ejército ordenado para la batalla,
Tú sola has triunfado de todas las herejías del mundo.
Oh Madre, en nuestras angustias,
en nuestras luchas, en nuestros apuros,
líbranos del enemigo y en la hora de la muerte
llévanos al cielo. Amén
MARÍA AUXILIADORA DE LOS CRISTIANOS
RUEGA POR NOSOTROS



Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa

Santander Cantabria

España 



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