Lectura del santo Evangelio según Juan
Jn 17,20-26
«No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.»
No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en
mí, para que todos sean uno.
Todo
el interés de Jesús está en el pequeño cenáculo que tiene ante sus ojos. Todo
el interés de Jesús sigue centrado en el pequeño cenáculo que formamos los que
hemos recibido la fe gracias a la palabra de aquellos.
Por
medio de su palabra.
El canal de transmisión de la fe es la palabra. Otros canales, como la
circunstancia familiar o geográfica, transmiten cultura. Sin la palabra no hay
auténtica fe.
Para
que todos sean uno.
Y más adelante: Para que sean uno como nosotros somos uno.
Dios-Trinidad, Padre-Hijo-Espíritu Santo, es uno en el amor, porque Dios es
amor. Decir unidad es decir amor: En esto conocerán todos que
sois discípulos míos, si os tenéis amor los unos a los otros
(Jn 13, 35). El estar unidos bajo una autoridad única es cosa secundaria.
Para
que el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me
has amado a mí.
El
mundo. Lo que
queda fuera del cenáculo es el mundo. La misión de quienes formamos el cenáculo
es el mundo. Estamos en el mundo pero no somos del mundo. Y debemos estar
siempre atentos y protegernos de la mundanidad como del virus más insidioso y
letal.
La
hora del mundo llegará con el final de los tiempos. El Señor
ha desnudado su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y han visto todos
los cabos de la tierra la salvación de nuestro Dios (Is 52,
10). Pues del mismo modo que por Adán mueren todos, así también todos
revivirán en Cristo (1 Cor 15, 22).
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España
Fuentes: EL SITIO WEB OFICIAL DE LOS CARMELITAS
Meditación con el Evangelio del día. Buena Noticia.

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