Lectura del Evangelio según Juan
Jn 12,44-50
Jesús gritó y dijo:
«El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»
Jesús gritó y dijo: El que cree
en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve
a aquel que me ha enviado.
Gritó. Lo que dice, lo dice con
mucha pasión. Son sus últimas palabras en público; son el resumen del mensaje
de toda su vida. Más adelante se lo repetirá a Felipe: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Jn 14,
9). Felipe, naturalmente, no lo entiende. Pero como lo dice Jesús, así será.
Felipe ve físicamente a Jesús. Pero de ahí a decir que en Jesús
está viendo al Padre Dios va mucho trecho. Los sentidos del cuerpo no dan para
tanto. Tampoco los sentimientos. Felipe tiene que creer a Jesús y aceptar sus
palabras aunque no las entienda. Las acepta en fe. Exactamente como nosotros.
Nosotros vemos y recibimos a Jesús en la Eucaristía: en fe. Nosotros oímos y
asimilamos a Jesús en las Escrituras: en fe. Nosotros servimos a Jesús en los
necesitados: en fe. Sin importar lo que sintamos o dejemos de sentir.
No he venido para juzgar al mundo, sino para
salvar al mundo.
Ha venido solamente para salvar. La oración del cuarto martes de
Pascua lo tenía claro y lo decía muy bien: Aumenta, Padre, en nosotros la alegría de sabernos salvados.
Una pena que los más recientes liturgistas oficiales nos lo hayan estropeado y
prefieren que digamos: Te pedimos, Padre, que merezcamos recibir la
alegría de nuestra redención. Nada que ver; se ha perdido el sabor
a Evangelio.
El Papa Francisco dice: La palabra definitiva de Dios sobre la historia no es el juicio
sino la reconciliación y la ternura.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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