lunes, 4 de julio de 2022

Evangelio del 5 de julio. Martes 14.

Lectura del Santo Evangelio según Mateo
Mt 9, 32-38

Apenas se fueron los ciegos, le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar. Jesús echó al demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos decían: 

"Jamás se ha visto cosa igual en Israel". 

En cambio, los fariseos comentaban: 

"Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios". 

Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades. Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor. Y dijo a sus discípulos: 

"La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha".


Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.

Lo que motiva los milagros de Jesús es la compasión. Nosotros no podemos hacerlos pero, ante las graves carencias de nuestra sociedad, debemos empeñarnos en tener los mismos sentimientos de Jesús y ponernos a disposición de quien nos necesita; no se nos pide más. ¿Cómo calificar mi actitud ante la sociedad en que vivimos? ¿Es, quizá, una actitud de disgusto, de asco, de crítica amarga? La contemplación de Jesús ante las muchedumbres me ayudará a sentir como Él sentía.

Mientras salían los ciegos, le trajeron un mudo endemoniado.

Son muchos los ciegos, mudos y endemoniados; muchos los males que emponzoñan y pervierten la vida de los humanos. La actitud de Jesús hacia los más desdichados provoca admiración en el pueblo y maledicencia en los piadosos fariseos: Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios. Esto no afecta para nada la conducta de Jesús.

Se compadecía de ellas. De su profunda compasión brotan los milagros. De su profunda compasión brota también su mandato a todos nosotros: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. El milagro que está en nuestras manos es el de la oración. Porque todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis (Mc 11, 24).

¿Cómo unirnos al Señor en la lucha contra tantos males? El Papa Francisco nos dice que nuestra oración no debe limitarse solo a nuestras necesidades. Una oración es verdaderamente cristiana si también tiene una dimensión universal.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España


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