lunes, 15 de agosto de 2022

Evangelio del 16 de agosto. Lunes 20.

Lectura del Santo Evangelio según Mateo
Mt 19, 23-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

"Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios." 

Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: 

"Entonces, ¿quién puede salvarse?" 

Jesús se les quedó mirando y les dijo: 

"Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo." 

Entonces le dijo Pedro: 

"Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?" 

Jesús les dijo: 

"Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros."

Os aseguro que un rico entrará con mucha dificultad en el Reino de Dios.

Acaba de marcharse el joven rico. Se ha ido triste, viéndose dominado por sus riquezas e incapaz de seguir las instrucciones de Jesús. También Jesús y los discípulos se han quedado tristes: han fallado en su intento por atraer aquel joven tan prometedor. El Papa Francisco comenta: Jesús nos dice que no se puede servir a dos señores; o sirves a Dios o sirves al dinero. Estamos llamados a ser pobres, a despojarnos de nosotros mismos. Por eso debemos aprender a estar con los pobres, compartir con quien carece de lo necesario, tocar la carne de Cristo.

Al oírlo, los discípulos quedaron muy espantados y dijeron: Entonces, ¿quién podrá salvarse?

No es que ellos fuesen personas adineradas; ni mucho menos. Pero entienden bien que el problema radica no solo en tener riquezas, sino también en querer tenerlas. Igual de apegado puede estar un ricachón a sus millones como un pobretón a sus escasos céntimos. Lo de ser rico o pobre no es cosa del bolsillo, sino del corazón. Además, la pobreza que pide Jesús lo abarca todo; las riquezas materiales son solo el comienzo. Para vivir la riqueza del amor es necesario vivir la pobreza de uno mismo. Por eso Jesús pide a quien quiera seguirle que se niegue a sí mismo.

Para los hombres eso es imposible, para Dios todo es posible.

Jesús no comparte el pesimismo de los discípulos. Todo nos es posible, incluso el vivir vacíos de nosotros mismos abriendo espacio al amor. Es cuestión de pedirlo. Así nos lo asegura Él: pedid y recibiréis para que vuestra alegría sea completa (Jn 16, 24).

Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España

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