domingo, 28 de agosto de 2022

Evangelio del 29 de agosto. Martirio de san Juan Bautista.

Lectura del Santo Evangelio según Marcos
Mc 6, 17-29

En efecto, Herodes había mandado tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el asunto de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado. Pues Juan le decía: 

"No te está permitido tener a la mujer de tu hermano". 

Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto. Por eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto, aunque quedaba muy perplejo al oírlo. Herodías tuvo su oportunidad cuando Herodes, el día de su cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales y a los personajes principales de Galilea. En esa ocasión entró la hija de Herodías, bailó y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo a la muchacha: 

"Pídeme lo que quieras y te lo daré". 

Y le prometió con juramento: 

"Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino". 

Salió ella a consultar a su madre: 

"¿Qué pido?" 

La madre le respondió: 

"La cabeza de Juan el Bautista". 

Inmediatamente corrió a donde estaba el rey y le dijo: 

"Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja". 

El rey se sintió muy molesto, pero no quiso negárselo, porque se había comprometido con juramento delante de los invitados. Ordenó, pues, a un verdugo que le trajera la cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Luego, trayéndola en una bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su madre. Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron.

El 24 de junio celebrábamos el nacimiento del Bautista. Hoy celebramos, su muerte, su martirio, la culminación de su vida; se viene celebrando desde el siglo V.

Herodes envió inmediatamente a un verdugo con orden de traer la cabeza de Juan.

El final del Bautista se parece al del Señor, como dice el Papa Francisco, en el estilo vergonzoso de su muerte. Nada que ver con la épica muerte de los grandes héroes de la antigüedad.

¿Cómo es posible que Dios permita una muerte tan ignominiosa y humillante al mayor de los nacidos de mujer (Mt 11, 11)? Es evidente que mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos (Is 55, 8). También al Bautista le tocó vivir su Getsemaní, su noche oscura, en aquella cárcel de Herodes. Podríamos poner en sus labios los versos de Juan de la Cruz: Sin arrimo y con arrimo, - sin luz y a oscuras viviendo, - todo me voy consumiendo.

Dios, que busca nuestra plenitud, nuestra plena realización, nos conduce por el camino que nos lleva al mayor amor: el de dar la vida por quien decimos amar y que nos ama hasta el extremo.

Nosotros no probaremos el martirio de la cárcel y la degollación, como el Bautista. Ni los azotes y la cruz, como Jesús. Pero todos, todos sin excepción, probamos el martirio del testimonio cotidiano del amor; es un martirio que puede quedar oculto a los ojos de los demás, pero que puede ser atroz.

El sufrimiento pone a prueba la fe del creyente. Pero está llamado a ser, además, lugar de encuentro y de revelación. La revelación de un Dios diferente al que hasta ese momento había sido objeto de mi fe.


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España

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