viernes, 16 de septiembre de 2022

Evangelio del 17 de septiembre. Sábado 24.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 8, 4-15

Se reunió un gran gentío y se añadían los que iban acudiendo de una ciudad tras otra. Entonces les propuso una parábola: 

“Salió el sembrador a sembrar la semilla. Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino; las pisaron y las aves del cielo se las comieron. Otras cayeron sobre piedras; brotaron y se secaron por falta de humedad. Otras cayeron entre cardos, y al crecer los espinos con ellas, las ahogaron. Otras cayeron en tierra fértil y dieron fruto al ciento por uno”. 

Dicho esto, exclamó: 

“Quien tenga oídos que escuche”. 

Los discípulos le preguntaron el sentido de la parábola. Él les respondió: 

“A vosotros se os concede conocer los secretos del reinado de Dios; pero a los demás se les habla en parábolas: Así, pues, mirando no ven, y oyendo, no comprenden. El sentido de la parábola es el siguiente: La semilla es la Palabra de Dios. Lo que cayó junto al camino son los que escuchan; pero enseguida viene el Diablo y les arranca del corazón la Palabra, para que no crean y se salven. Lo que cayó entre piedras son los que al escuchar acogen con gozo la Palabra, pero no echan raíces; ésos creen por un tiempo, pero al llegar la prueba se echan atrás. Lo que cayó entre cardos son los que escuchan, pero con las preocupaciones, la riqueza y los placeres de la vida se van ahogando y no maduran. Lo que cae en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen y dan fruto con perseverancia”.

Salió el sembrador a sembrar la semilla.

El sembrador sale como el sol, de madrugada. Siembra su semilla con despreocupada alegría. Aunque sabe que muchos granos de trigo van a ser comidos por las aves que revolotean a su alrededor; aunque sabe que otros van a caer en terreno improductivo; aunque sabe que en su campo brotará la cizaña. Pero es que sabe, sobre todo, que la semilla sembrada brotará y crecerá y producirá la espiga, aunque él duerma; y sin que él sepa cómo. Por eso se va a dormir muy tranquilo. Está seguro de la buena cosecha final.

En verdad, la semilla, la Palabra de Dios, es viva y eficaz y más cortante que espada de dos filos (Hebr 4, 12). En verdad, como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo (Is 55, 10-11).

Pero la parábola del sembrador quiere que pongamos la atención en el oscuro presente, no en el glorioso futuro. El presente siempre está cargado de sombras: aves, piedras, espinos… La parábola del sembrador es la parábola de la fe y de la esperanza. Nada de amargarnos la vida ante tantas cosas que no van como nos gustaría que fuesen. Nada de recriminaciones, nada de desilusiones. El Reino es cosa de Dios, no de los hombres. Si las cosas no van bien, deberíamos atrevernos a echar la culpa al dueño del campo que se niega a arrancar la cizaña.

 

Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España. 

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