martes, 27 de septiembre de 2022

Evangelio del 28 de septiembre. Miércoles 26.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 9, 57-62

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: 

"Te seguiré adonde vayas." 

Jesús le respondió: 

"Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza." 

A otro le dijo: 

"Sígueme." 

Él respondió: 

"Déjame primero ir a enterrar a mi padre." 

Le contestó: 

"Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios." 

Otro le dijo: 

"Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia." 

Jesús le contestó: 

"El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios."

Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero este Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.

Recordemos el contexto de estos encuentros: Jesús y sus discípulos siguen el camino de Jerusalén. Se dirigen hacia la cruz y la muerte. Es algo que los discípulos nunca debemos olvidar. Los tres encuentros de hoy producen extrañeza. Pero llegará el día en que al discípulo le encantarán los desatinos e irracionalidades del Maestro.

Son tres los hombres que acuden a Jesús con la intención de unirse a sus discípulos. Son buena gente, son generosos, son entusiastas. La actitud poco amable de Jesús nos apena. Aquellos tres hombres, en principio vocaciones muy valiosas, volverían desencantados a sus casas.

¿Por qué Jesús no es un poco más diplomático? ¿Por qué no trata de endulzar la píldora? No; quiere que sus seguidores tengan claro desde el principio que las reglas del seguimiento son cosa suya, no del candidato. Se equivocan quienes, con tanto de generosidad y de buena voluntad, pretenden establecer ellos las reglas del seguimiento porque creen saber en qué consiste el seguimiento. Suelen ser personas piadosas y entregadas, con escaso conocimiento vital del Evangelio.

A otro le dijo: Sígueme. Él respondió: Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre.

Quien quiere ser discípulo, que no debe buscar garantías ni para hoy ni para mañana. La única garantía se llama Jesús de Nazaret: Sígueme. Sin explicaciones, sin objetivos, sin planes.

Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios.

Seguir a Jesús significa renunciar a mirar atrás. Significa, por ejemplo, renunciar a convicciones religiosas tradicionales: Olvidando lo que queda atrás, me esfuerzo por lo que hay por delante y corro hacia la meta (Flp 3, 13).


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España. 

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