Lectura del Evangelio según Marcos
Mc 8, 1-10
Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice:
«Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.»
Sus discípulos le respondieron:
«¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?»
Él les preguntaba:
«¿Cuántos panes tenéis?»
Ellos le respondieron:
«Siete.»
Entonces él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanutá.
En aquellos días se reunió otra vez mucha gente y no tenían qué comer.
Es el segundo de los dos relatos que el Evangelista Marcos nos ofrece sobre el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. En lo esencial, que es la actitud compasiva de Jesús ante las necesidades de la gente, los dos son idénticos. Pero los contextos son distintos. El primer relato (6, 34-44) tiene lugar en Galilea y es para los judíos; el segundo sucede en la Decápolis, y es para todos, judíos y no judíos: para quienes han venido de lejos. Es un avance de la universalidad del Evangelio y de la salvación de Jesús.
Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y se los dio a sus discípulos para que los sirvieran.
Jesús no quiere que sus discípulos seamos místicos de manos juntas y ojos cerrados. Nos quiere discípulos de ojos y manos abiertos; discípulos aventajados en la compasión y el servicio. Que pongamos la preocupación por los prójimos por delante de la quietud y el goce de nuestras devociones: Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís (Jn 13,17).
Jesús bendijo los peces y mandó que los sirvieran también.
Los discípulos ponen en manos de Jesús los peces de que disponen; muy poca cosa: unos cuantos pescaditos. Y antes de servirlos a la gente, esperan. Las dos cosas son importantes para nosotros: la primera, el desprendimiento de lo poquito de que disponemos; la segunda, saber dejar ese poquito en manos de Jesús el tiempo necesario. Así es cómo Él lo multiplica todo; así es cómo nuestras manos se convierten en una extensión de las manos del Señor, y los pescaditos son suficientes para todos.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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