"Bienaventurados los pobres y hambrientos."
Lectura del Evangelio según Lucas
Lc 6, 17. 20-26
Bajó con ellos y se detuvo en un paraje llano; había un gran número de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.
Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.»
Dichosos, bienaventurados, felices. Es la primera palabra de la predicación de Jesús. Jesús nos quiere dichosos, bienaventurados, felices. El Evangelio, cuando tomado en serio, es camino de felicidad. Hacia el final de su vida Jesús lo dirá así: He venido para que tengáis vida en abundancia (Jn 10, 10). Pero…; hay un gran pero. El mensaje de Jesús es enormemente subversivo para todos.
La situación político-social del tiempo de Jesús era muchísimo más lamentable que la nuestra. Sin embargo, Jesús nunca pretende cambiar el orden establecido. Lo subversivo de Jesús es pretender que el cambio comience en lo interior de cada persona. Los pobres le entienden; los ricos, no. Los pobres le entienden porque Jesús habla desde la pobreza de quien no tiene dónde reclinar la cabeza.
Dichosos los pobres. Podemos preguntarnos: ¿cómo reaccionamos ante esta bienaventuranza? ¿Quizá nos sentimos incómodos? Ojalá sea así. Últimamente se ha puesto de moda la palabra APOROFOBIA, que es el rechazo o aversión al indigente, al pobre, al inmigrante sin recursos… La aporofobia se sitúa en las antípodas del Evangelio. Un autor cristiano escribe: O tomamos en serio a los pobres o nos olvidamos del Evangelio.
Es evidente que los valores que Jesús quiere que vivamos nosotros, los cristianos, los que decimos seguir sus pasos, son distintos de los valores dominantes en la sociedad. Nos cuesta muchísimo entender y asimilar que seremos más felices cuando necesitemos menos y compartamos más.
Las bienaventuranzas resultan antipáticas si entendidas como mandamientos. Si los mandamientos son difíciles, las bienaventuranzas son imposibles. Las bienaventuranzas son dones que Dios nos va otorgando poco a poco; poco a poco va desbrozando el camino de la felicidad. Dejemos a Dios que haga su trabajo en nosotros; que nos vaya haciendo más pobres hasta llegar a amar las pobrezas propias y las ajenas. Hoy, después de la comunión, podemos pedirle al Señor que nos contagie algo de su amor por la pobreza. ¿Nos atreveremos a hacerlo? Dichosos los pobres.
Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España


No hay comentarios:
Publicar un comentario