Lectura del Evangelio según Juan
Jn 3,31-36
«El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que resiste al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.»
El que viene de arriba está por encima de todos.
Cuando hablemos del cielo y de la tierra, no pensemos en términos de arriba y de abajo. No se trata de espacios geográficos; se trata de distintas dimensiones de la misma realidad. Cielo y tierra están entrelazados, especialmente desde que el Hijo de Dios se hizo hombre. Él es quien da unidad a todo lo que existe: Todo tiene en Él su consistencia (Col 1, 17).
El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.
Palabras que evocan las del salmo: Tiene su salida en un extremo del cielo, y su órbita alcanza al otro extremo, sin que haya nada que escape a su ardor (Salmo 19,7).
Todo está en manos del Hijo. Él tiene absoluto dominio sobre todo. Todo ha sido creado por Él y para Él (Col 1, 16). Todo me ha sido entregado por mi Padre (Mt 11, 27). Éste es el fundamento de su reino; reino que será inaugurado en la cruz, porque cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32). Entonces será derribado el príncipe de este mundo (Jn 12, 31).
Aquel a quien Dios ha enviado habla palabras de Dios, porque no da el espíritu con medida.
Comenta el Papa Francisco: El texto tiene profundas resonancias trinitarias. A Dios, que es la fuente de todo amor, solo podemos acceder a través de la experiencia hecha historia y vida plenificada en Jesús de Nazaret. Esta experiencia de intimidad e identificación del Hijo con el ser y el hacer de Dios en el mundo es obra del Espíritu, que se da sin medida. Creer en Jesús nos hace participar de este misterio de comunión y filiación.
Oh María,
Tú
resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza.
Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la Cruz fuiste
asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.
Tú,
Salvación del Pueblo Romano, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que
proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la
fiesta después de este momento de prueba.
Ayúdanos,
Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que
nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre
sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la
Resurrección. Amén.
Bajo tu
protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas
de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa
y bendita!
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España


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