«No
les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto,
ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís
al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma;
temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos
pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el
consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están
todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare
por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está
en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi
Padre que está en los cielos.»
No les tengáis miedo… No temáis
a quienes matan el cuerpo… No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos
pajarillos.
No tengáis miedo. Jesús se lo
repite hasta tres veces a los discípulos en el Evangelio de hoy. Muchísimas más
a lo largo de todo el Evangelio. Lo repite, por ejemplo, al acercarse a los
discípulos angustiados ante el fuerte oleaje del lago: ¡Ánimo!, soy yo; no temáis (Mt 14, 27). Nos lo
dice a todos: ¡Ánimo! Yo he vencido al mundo
(Jn 16, 33).
Jesús, para hacer más
comprensible su ruego, recurre a los gorriones y a los cabellos de la cabeza;
ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga el Padre del cielo. Nosotros valemos más que muchos gorriones.
Jesús, que es muy consciente de las dificultades de la vida, quiere que para el
creyente la fe sea el apoyo principal ante cualquier tipo de sufrimiento o
contrariedad.
Imaginemos cómo sería nuestra
vida dominada por la confianza y sin miedo alguno. No es tan difícil
imaginarlo. Basta mirar cómo es la vida de un niño pequeño que vive seguro y
feliz porque se sabe querido y protegido por papá y mamá. El niño tendrá sus
caídas y sus golpes y sus lloriqueos, pero serán cosa pasajera.
La fe no es un tranquilizante.
Seguir a Jesús, ser cristiano, tiene su dimensión conflictiva. Por eso, el
lugar del Evangelio no es solo la intimidad del corazón. Nuestra fe tiene que
ser algo patente, aunque con discreción y sin aspavientos, para todo el que se
relacione con nosotros. Un creyente es una persona liberada del miedo; discreta
e intrépida a la vez. Tiene claro que lo que domina en su vida no es el miedo,
sino la confianza. Tiene claro también que para mantener esta saludable calidad
de vida necesita su dosis diaria de Evangelio. Así que, no tengáis miedo, no os turbéis. Creed en Dios y creed en mí (Jn 14,
1).
Oh María,
Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza. Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del Pueblo Romano, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la Resurrección. Amén.
Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España
Fuentes: Dibujos de Fano en color. Diócesis de Málaga: Portal de la Iglesia Católica de Málaga
EL SITIO WEB OFICIAL DE LOS CARMELITAS
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Meditación con el Evangelio del día. Buena Noticia.




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