viernes, 19 de junio de 2020

Evangelio del 20 de junio. Inmaculado Corazón de María.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 

Lc 2,41-51


Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando él tenía doce años, subieron ellos , como de costumbre, a la fiesta. Y, mientras volvían, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Creyendo ellos que iría con la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Pero , al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. 

Al cabo de tres días le encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándole y haciéndole preguntas. Y todos los que le oían estaban estupefactos por su inteligencia y por sus respuestas. Al verlo se quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: 

«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados te buscábamos». 

Y él les respondió: 

«¿Por qué me buscábais? ¿No sabéis que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?». 

Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.

Bajó con ellos y vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón.




Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

Ayer celebrábamos el Corazón de Jesús. Celebrábamos al Manso y Humilde de corazón, celebrábamos el Amor. Hoy celebramos el Corazón de su Madre. Celebramos a la que conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón: celebramos la contemplación, el secreto del corazón de la Madre.


Su dimensión contemplativa, su interioridad iluminada por la Palabra de Dios, hace que María sea profunda y gozosamente consciente de haber sido colmada de favores gratuitos. Así lo dice en el Magnificat: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Entiende, además, que todo lo recibido por ella, Dios lo derramará sobre toda la humanidad por medio de Jesús, cuando en la plenitud de los tiempos haga que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra (Ef 1, 10).


Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

María, gracias a su intensa vida interior, trata a Dios con mucha familiaridad; como su Hijo-bebé con ella, así ella con Abbá. Nosotros, quienes seguimos a Jesús y veneramos con cariño a su Madre, encontramos en ella la mejor maestra para aprender el camino hacia la comprensión y la vivencia de la gratuidad; hacia la plena percepción de que todo es don. Entonces vivimos instalados en la gratitud y en la alabanza. Con su dimensión contemplativa, María nos enseña también a descubrir realidades grandes en las cosas más pequeñas.


Esta celebración del Corazón Inmaculado de María, puede ser un buen momento para preguntarme: ¿Cómo expreso de forma concreta mi devoción, mi relación cordial con ella? Más allá de algunos ejercicios de devoción, por ejemplo el rosario, ¿puedo decir que me relaciono con ella con cálida familiaridad?


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa

Santander Cantabria

España 


Fuentes: EL SITIO WEB OFICIAL DE LOS CARMELITAS

Meditación con el Evangelio del día. Buena Noticia.

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