Lectura del santo Evangelio según Marcos
Mc 12,38-44
Decía también en su instrucción:
«Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Éstos tendrán una sentencia más rigurosa.»
Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo:
«Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.»
Guardaos de los escribas que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas…
Para Jesús es una aberración el uso de la religión en beneficio propio. No digamos si se llega incluso a hacer daño a los más débiles. Es en el Evangelio de Mateo donde Jesús clama con mayor virulencia contra los dirigentes de la religión judía, especialmente en el capítulo 23. Ya en el siglo V, san Jerónimo decía que ese capítulo 23 fue escrito para nosotros, porque hemos adquirido esos mismos vicios que Jesús fustigaba en aquellos escribas y fariseos. También nuestra Iglesia sufre la enfermedad del clericalismo; de ahí la notable ausencia del don de profecía.
Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas.
Contemplando a Jesús con los ojos puestos en la viuda pobre, acuden a nuestra mente las palabras del profeta: En ése pondré mis ojos: en el humilde y en el abatido que se estremece ante mis palabras (Is 66, 2). También las de María en el Magnificat: Ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava (Lc 1, 48). Contemplando a Jesús nos percatamos de que se está identificando con aquella mujer, porque el Espíritu la ha conducido también a ella a una entrega como la suya propia: gratuita y total.
Nuestro Señor es tan amigo de la humildad porque Dios es la suma Verdad, y la humildad es andar en verdad. Es cosa muy grande entender que no tenemos cosa buena, solamente miseria y ser nada. Y quien no entiende esto, anda en mentira. Cuanto mejor lo entendamos, más agradaremos a la suma Verdad. Él nos conceda no salir jamás de este conocimiento propio. Amen (Sta. Teresa).
Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España
Fuentes: EL SITIO WEB OFICIAL DE LOS CARMELITAS
Meditación con el Evangelio del día. Buena Noticia.
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