Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.
Tanto amó Dios al mundo, que
entregó a su Hijo único.
Tanto amó Dios al mundo.
Deberíamos vivir repitiendo constantemente en nuestro interior estas cinco
palabras: Tanto amó Dios al mundo. Sin
cansarnos. ¿Por qué este Evangelio en esta fiesta de Dios-Trinidad? Por la
sencilla razón de que, como dice san Juan, Dios es Amor. Y cuando el Hijo de Dios se hizo
hombre, nos amó hasta el extremo.
Lo primero que nos enseñaron de niños fue invocar a la Trinidad.
Aprendimos a hacer la señal de la cruz diciendo: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
De vez en cuando sería bueno variar y decir: En el nombre del Amor. Amor con mayúscula. Porque
Dios-Trinidad es Amor. Si hay algo imposible para Dios es el no amar. Todo
comienza en Él, en el Amor, y todo acaba en Él, en el Amor. Todo. Nada puede
quedar fuera del abrazo del Amor. El amor es el BIG-BANG del universo. Esto no
lo saben los científicos; lo sabemos los creyentes.
Si alguna vez nos preguntan en qué creemos los cristianos,
respondamos: los cristianos creemos en el Amor. Esta palabra lo resume todo.
Los enamorados viven inmersos en una burbuja maravillosa; así también el
cristiano que cree de verdad en el Amor. La diferencia está en que la burbuja
de los enamorados es pequeña y es excluyente, mientras que la burbuja del
creyente lo incluye todo, y se ocupa en hacer a otros partícipes de su
bienestar.
El relato de la creación del Génesis dice que hemos sido creados
a imagen de Dios. Cuando vemos las barbaridades de los humanos y vemos nuestras
propias miserias, creemos que nos parecemos poco a Dios. Pero cuando vemos cómo
un papá o una mamá se desviven por su niño, o cómo nos apena tanto la muerte de
un ser querido, entonces sí estamos de acuerdo en que Dios ha dejado en
nosotros sus genes.
Que esta celebración de la Trinidad, sirva para que el Dios-Amor
presida nuestra vida. Siendo así, ¿quién nos hará temblar? Siendo así, como
dice san Pablo, en todo venceremos fácilmente gracias al que
nos amó.
Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y
esperanza. Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la
Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del Pueblo Romano, sabes lo que necesitamos y estamos
seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la
alegría y la fiesta después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del
Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros
sufrimientos. Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de
la Cruz, al gozo de la Resurrección. Amén.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España
Meditación con el Evangelio del día. Buena Noticia.




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