Lectura del santo Evangelio según Mateo
Mt 5,1-12
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
Al ver a la multitud, subió al monte. Se sentó y se le acercaron sus discípulos. Tomó la palabra y los instruyó en estos términos:
El Evangelista, consciente de la importancia de lo que Jesús va a decir, ha elaborado mucho esta introducción para revestirla de solemnidad. La escena es grandiosa; recuerda la de la parábola del Juicio Final. Al ver a la multitud: lo que va a decir es para todo el mundo. Subió al monte: es el nuevo Moisés y el nuevo Sinaí. Se sentó: sobre el monte, sobre la tierra entera.
Dichosos los pobres de corazón, porque el reinado de Dios les pertenece.
Las Bienaventuranzas no son una serie de consejos piadosos; son la ley del Reino. Dice un fraile dominico que las Bienaventuranzas significan el paso del reino de la ley a la Ley del Reino. No son promesas de cara al futuro; la dicha de que hablan es actual en quien las vive.
En las Bienaventuranzas vemos cómo era Jesús; le brotan de lo profundo del corazón. Él las vivía y puede dar fe de que vale la pena vivirlas, porque era una persona feliz. Claro que su secreto de felicidad nos resulta desconcertante.
Dice el Papa Francisco que la felicidad es la máxima aspiración humana. En su búsqueda las personas empeñan su vida. Algunas encontrándola y otras probando miles de caminos y experiencias pero sin conseguir alcanzarla. Desde su propia experiencia de vida, Jesús invita a vivir una felicidad que está centrada en tener la seguridad solo en Dios y hacer histórico su proyecto de amor e inclusión entre quienes menos tienen.
La mejor manera para ir asimilando las Bienaventuranzas es la contemplación de la persona de Jesús en las páginas de los Evangelios.
Parroquia
de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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