Lectura del santo Evangelio según Mateo
Mt 5,13-16
«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.
Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»
Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo.
La sal sirve para salar y la luz para iluminar. No puede ser de otra manera. De igual manera todo cristiano, todo discípulo de Jesús. No es posible serlo y no dar testimonio de lo que somos. ¿En qué consiste el dar testimonio? En vivir orientados hacia los prójimos. No somos sal ni luz, no somos testigos, cuando vivimos una vida correcta y piadosa, pero enrollados en nosotros mismos, pendientes de nuestra propia santificación y salvación.
La sal es discreta; no es visible a los ojos, pero sin ella el mejor plato resulta insípido. La luz es luminosa; sin ella no se puede apreciar la belleza del color y la textura de los pétalos de una rosa.
La invitación del Evangelio a ser sal y luz en nuestros ambientes requiere hacerlo desde una profunda actitud de respeto y humildad, y con la sensibilidad abierta para captar las posibilidades que hay en ellos. Si no lo hacemos así, podemos caer en la tentación de creernos salvadores y situarnos en la realidad de forma catastrófica y no esperanzadamente (Papa Francisco).
En estos tiempos de postcristiandad no comunicamos la fe recurriendo a la razón o a la tradición, sino al testimonio. Un testimonio que es vivencia personal, discreta y luminosa, del Evangelio. El Evangelista Juan lo dice así: Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros… Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo (1 Jn 1, 1-4).
Es cierto que nosotros no hemos visto ni oído a Jesús físicamente como Juan, pero eso importa muy poco. Nos lo confirma Jesús: Dichosos los que no han visto y han creído (Jn 20, 29).
Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa
Santander Cantabria
España

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