miércoles, 6 de julio de 2022

Evangelio del 7 de julio. Jueves 14.

Lectura del Santo Evangelio según Mateo
Mt 10, 7-15

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: 

"Id y proclamad que el Reino de los cielos está cerca; curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.

No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo."


Y de camino proclamad que el reinado de Dios está cerca.

Proclamad. Es mucho más que leer lo que otros han escrito o decir lo aprendido de memoria. Se proclama con gozo lo que mucho se aprecia y se lleva muy dentro en el corazón. No es necesario expresarlo con palabras. Una flor proclama elocuentemente la Belleza en silencio; le basta ser vista. Los creyentes proclamamos la grandiosidad de la fe, como las flores, con la sola presencia. Conocemos bien el significado de las palabras del Señor: A vosotros se os concede conocer los secretos del reinado de Dios, pero a ellos no se les concede (Mt 13, 11). Conocemos, como san Pablo, el amor del Mesías que supera todo conocimiento, y así nos llenamos del todo de la plenitud de Dios (Ef 3, 19).

Claro que encontramos creyentes que no disfrutan de su fe y adoptan actitudes negativas ante la situación de la Iglesia o de la sociedad. Cristianos fervorosos que, por ejemplo, viendo cómo nuestros templos van quedando vacíos, dicen: Algo hemos hecho mal para que esto suceda. Se trata de una forma de incredulidad. Quien esto proclama es un incrédulo porque, de hecho, está proclamando que tampoco el Señor hizo las cosas bien. Con todas sus palabras y milagros consiguió unos resultados demasiado pobres.

No llevéis en el cinturón oro ni plata ni cobre.

Como nos cuesta asumir estas palabras, con frecuencia las ignoramos. Y ponemos mucho énfasis en los medios para la propagación del Evangelio. Tenemos que tener claro que los medios primordiales del creyente para la proclamación del Evangelio se llaman alegría y libertad; la alegría y la libertad de quien, sabiéndose amado, vive como hijo de Abbá y como hermano de todo ser humano.

 

Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España

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