miércoles, 31 de agosto de 2022

Evangelio del 1 de septiembre. Jueves 22.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas
Lc 5, 1-11

Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. En eso vió dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: 

"Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar". 

Simón respondió: 

"Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes". 

Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: 

"Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador". 

Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: 

"No temas; en adelante serás pescador de hombres". 

En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús.

Simón le respondió: Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

Es difícil calibrar cuánto hay de fe y cuánto de escepticismo en estas palabras de Pedro. Lo importante es que Pedro obedece. Como el muchacho de la parábola que primero se negó pero luego fue a trabajar a la viña. Pedro es experto en creer en Jesús con una fe llena de sombras. Como cuando se pone a andar sobre las olas y al poco rato se hunde.

Al verlo, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.

Es un momento que Pedro nunca olvidará. Por un lado, la experiencia penosa de su pecaminosidad; por otro, la experiencia gloriosa de la grandeza de Jesús. El momento marcará un antes y un después en su relación con Jesús. Experiencia semejante la tuvo Pablo: ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! (Rm 7, 24-25). Pablo sabe bien que el pecado es el espacio preferido por Dios para manifestarse al hombre: Porque Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia (Rm 11, 32). También a Teresa de Ávila le fue otorgado probar esa misma experiencia: Con regalos grandes castigabais mis delitos (V 7, 19). Se comienza a ser verdadero cristiano cuando se ha vivido esta experiencia.

Jesús nos invita a no confiar en las propias fuerzas; a no avergonzarnos de la debilidad; a aprender a dejarlo todo en sus manos. Al fin y al cabo, ¿qué tenemos que no hayamos recibido? 


Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa. 

Santander, Cantabria. España

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